GRAN ORIENTE LATINOAMERICANO

Potencia Simbólica Soberana

 

Libertad Igualdad Fraternidad

 DECLARACIÓN PÚBLICA

En relación con la pandemia del virus COVID 19, el GRAN ORIENTE LATINOAMERICANO ha considerado conveniente expresar públicamente su punto de vista.

Desde ya, su profunda preocupación por la enorme magnitud, trascendencia y graves consecuencias que esta pandemia ha ocasionado en la población del Hemisferio Norte primero y luego en América Latina y África. El virus se ha propagado por los continentes, sin reparar en etnia, género, edad, situación socioeconómica, sistema político-social u otras particularidades. Ha infectado a más de 40 millones de seres humanos, ocasionando el fallecimiento más de un millón de personas, principalmente personas de edad avanzada y/o con patologías crónicas, pero también jóvenes y niños. Los servicios de salud de distintos países y ciudades se han visto sobrepasados, incluso colapsados, particularmente las Unidades de Cuidados Intensivos.

El temor de la población a sufrir el contagio y sus consecuencias individuales y sociales ha conducido a los gobiernos a adoptar diversas medidas, unos con mayor premura y drasticidad que otros, entre ellas el cierre de las fronteras terrestres, marítimas y aéreas, distanciamiento físico entre las personas, uso de mascarillas o protectores faciales, lavado frecuente de manos, cierre de locales comerciales, industrias, colegios, universidades, eventos multitudinarios. También la realización de exámenes para la detección del virus y de los anticuerpos que éste genera en el organismo, así como confinamiento de las personas en sus domicilios, cordones sanitarios y otras medidas.

La emergencia ha demostrado la importancia de que los estados tengan sistemas de salud robustos, bien equipados, que aseguren la protección universal de la salud, y que ofrezcan atención sanitaria digna, oportuna y de buena calidad.

El cuidado de la salud es un derecho humano de máxima importancia y, como tal, es indispensable que el Estado asegure a todas las personas acceso a una adecuada prevención, protección, reparación y rehabilitación de sus problemas de salud. Esta situación ha puesto de manifiesto las carencias en los sistemas de salud, en distintos países y ciudades. Muchos ciudadanos no han tenido acceso en absoluto y, en otros casos, fueron privados de los cuidados intensivos que la gravedad de la enfermedad amerita. 

Paralelamente, la pandemia ha tenido grandes y graves consecuencias en lo económico social, con pérdida de empleos, disminución de los ingresos, cierre de empresas pequeñas, medianas y grandes y una muy importante recesión mundial. En esa área los gobiernos han adoptado medidas para paliar su impacto, tanto para los empresarios como para gran parte de la población, que vive hacinada en viviendas precarias, con inexistencia o escasez de saneamiento básico, falta de recursos económicos, sin seguro de salud, o sin apoyo suficiente y oportuno por parte del Estado.

Los sistemas económicos han mostrado su fragilidad, haciéndose más evidente la desigualdad en nuestra Humanidad. Obligada la población a confinarse y a abastecerse con aquello que es básico para subsistir y mantenerse, ha tomado conciencia de la inutilidad de lo superfluo. Una sociedad de consumo, que estimula la adquisición de bienes o artículos, muchos de ellos de carácter suntuario, ha quedado seriamente debilitada.

La población ha valorado más el cuidado de su salud y ha aplaudido el quehacer de los trabajadores que la proporcionan, los que se han esmerado en su labor con los enfermos, poniendo en mucho riesgo su propia salud e incluso su vida. Se ha lamentado la ausencia de medicamentos efectivos y, en lo preventivo, la inexistencia de una vacuna protectora.

La magnitud y gravedad de la situación actual exige, como primera obligación, adoptar conductas individuales y colectivas con el mayor grado de responsabilidad y sentido humanitario. Cada uno de los ciudadanos debe tomar conciencia de la importancia del autocuidado y protección de su salud física, mental y social, así como de su familia y seres queridos.

A todo nivel, cabe apoyar, incentivar y realizar acciones solidarias, en especial con la población más vulnerable y desprotegida, incluyendo en ello a migrantes. Los Gobiernos de los países de América Latina debieran incrementar el apoyo mutuo en lo sanitario y otras materias y aprovechar esta instancia tan difícil para establecer lazos más profundos y estables.

A los gobernantes, parlamentarios, líderes de organizaciones sociales y políticas les cabe realizar acciones para proteger a la población más vulnerable, proteger empleos, apoyo a la población más vulnerable, así como medicamentos, alimentos y otras necesidades básicas a fin de que puedan subsistir esta crisis sanitaria.

El GRAN ORIENTE LATINOAMERICANO, institución masónica, liberal, humanista y progresista, que observa y promueve el respeto a los Derechos Humanos, comparte el dolor de tantos seres humanos que han perdido familiares, amigos, ingresos, salud, hogares, educación, perspectivas de futuro y que se encuentran inmersos en una situación de crisis, de la cual no se avizora una salida en un horizonte cercano. Necesitamos asumir un compromiso real en la forma de trabajar y de vivir para que sea posible acercarnos al mundo que entre todos estamos construyendo. Encendamos la Luz de la Esperanza, convocando a toda la Humanidad para aportar, transformar y corregir las inequidades existentes y así avanzar en la construcción de una sociedad más fraterna, justa y solidaria.

CONSEJO DE LA ORDEN

GRAN ORIENTE LATINOAMERICANO

                                                                Latinoamérica, octubre de 2020

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